lunes, septiembre 15, 2008

El País del Libro

Sobrevolaban campos de bufandas parlantes, de serpientes agudas, de globos pinchados, de prismáticos rosas con vista de elefante. Clara y Pepa buscaban figuras en las nubes; Tatara y Juan conducían un avión; y Martenisa, como siempre, miraba en el mapa.

De pronto, se nos desviaron los polluelos (el avión en el que viajaban volaba gracias a que un grupo de pájaros agitaban las alas y generaban la fuerza de un motor), y tuvimos que aterrizar. Preguntaron a un pistilo a franjas azules dónde nos encontrábamos y les dijeron que bastante cerca del País del Libro. Él les metió dentro de sí y empezó a volar. Era una situación maravillosa: volaban dentro de un pistilo de colores hacia el llamado País del Libro.

Juan abrió una raja en el fondo del pistiloy miró: lo que allí estaba era un enorme, pero muy enorme libro. El pistilo aterrizó y nos dejó. Andando mucho por la hoja, vimos a las letras andar como nosotros. Eran personas como nosotros, nos miraban como la i con su punto y nos sonreían como la u. Fuimos a parar a un dibujo: era una casa y nos metimos en ella.

Allí, eso vieron, vivían las vocales; los saludaron y les invitaron a comer. Comieron sopa de abecedario y, de postre, macedonia de efes. Las vocales contaron a nuestros amigos que, a media noche, sacudía a toda la hoja un fuerte terremoto; pues, para que hubiera un nuevo día, también tiene que haber una nueva hoja.

Pasaron el resto del día conociendo nuevas letras: por ejemplo, a sus vecinas, dos erres parlanchinas que nunca se separaban. Y así llegó la noche, y el fuerte terremoto se produjo, de forma que, a la mañana siguiente, en vez de estar en una casa y en la hoja 128, se encontraban en un castillo y en la 129. Se oyó una música celestial, bajamos y resulta que la i y su punto se iban a casar. Después de la boda, nos contaron que así se hacía en el libro, y que después la i tendría hijos puntos y palitos, estos se casarían y así sucesivamente. Después de desayunar, fueron al Mago Z para que les explicara el origen del libro y les dijo así:

Un día, un gigante llamado Son-són Pitiribosón leía un libro. A él no le gustaban los libros, pero su padre hacía que los leyera. De mayor, se casó con una mujer que era hada en secreto, y a la que también le gustaba la lectura. No se entendían nada bien, y un día el gigante se disponía a quemar este libro, y dijo el hada: "Muere tú", "Viva el libro". Y así pasó: murió el gigante y aquí tienes al libro vivito y letreando.

Era curioso aquél país: alguien daba un gran salto en la hoja, y caía a la de abajo (...)


Esto es un fragmento del capítulo "El País del Libro", dentro del cuento más largo "Juan y la Luna" que escribí con 9 años. Mi madre lo pasó a máquina para leérselo a sus alumnos y me lo dio el otro día. Con 34 no puedo escribir nada mejor.

Joven dominico haitiana se peina antes de ser bautizada por el sacerdote belga Pedro Ruquoy en Barahona. Orlando Barría

Gonaives (Haití)

Gonaives (Haití)
A solas con la palabra. Sep 2004