Dos menos veinte de la tarde. En la puerta de un colegio público, en un barrio popular malagueño, se congregan algunas madres esperando la salida de sus hijos.
-Ya he apartado los juguetes en el Corte Inglés, le cuenta una a otra. Me los van a llevar a casa, pero llamarán antes para que entretenga a los niños. He gastado unos 400 euros, pero queda la bicicleta, que le va a regalar el padre, y la Barbie del Castillo de Diamantes, que es la de la última película. Las muñecas eran de las más caras: el Nenuco con el caballo balancín, el muñeco que pone el orinal amarillo como si hubiese hecho pipí y ese otro al que salen los dientes. También el carrito de juguete de Hello Kitie, porque, hija, tienen dos, pero el de Winnie Poo está destrozado. También he apartado la fábrica de chucherías y la heladería de hacer helados con plastilina.
En mi casa sólo tengo dos habitaciones y no caben los juguetes.
Mientras habla -melena lisa, casi blanca y por la cintura, chandal gris- pían unos periquitos verdes en un árbol cercano. Hacen un curioso contraste con las palomas grises. Una de sus hijas duerme profundamente en un carrito. -Sí, tú duerme ahora, le increpa, que después bien que me das la lata toda la tarde.
-Pues cuando yo fuí a apartarlos ya no quedaba ese muñeco al que salen los dientes, se lamenta la otra madre, que cuenta que gastó menos -unos 200 euros- y se queja de que no le avisaron en el Corte Inglés de que podían llevarle el encargo a casa. -Es que ni me tomaron el nombre. Pasará a recogerlos el 23, porque a su casa llegan Papá Noel y los Reyes.
Las dos menos diez. El corrillo de madres se deshace. El gran portón se abre y los niños empiezan a salir del colegio. Los periquitos emprenden el vuelo.
-Ya he apartado los juguetes en el Corte Inglés, le cuenta una a otra. Me los van a llevar a casa, pero llamarán antes para que entretenga a los niños. He gastado unos 400 euros, pero queda la bicicleta, que le va a regalar el padre, y la Barbie del Castillo de Diamantes, que es la de la última película. Las muñecas eran de las más caras: el Nenuco con el caballo balancín, el muñeco que pone el orinal amarillo como si hubiese hecho pipí y ese otro al que salen los dientes. También el carrito de juguete de Hello Kitie, porque, hija, tienen dos, pero el de Winnie Poo está destrozado. También he apartado la fábrica de chucherías y la heladería de hacer helados con plastilina.
En mi casa sólo tengo dos habitaciones y no caben los juguetes.
Mientras habla -melena lisa, casi blanca y por la cintura, chandal gris- pían unos periquitos verdes en un árbol cercano. Hacen un curioso contraste con las palomas grises. Una de sus hijas duerme profundamente en un carrito. -Sí, tú duerme ahora, le increpa, que después bien que me das la lata toda la tarde.
-Pues cuando yo fuí a apartarlos ya no quedaba ese muñeco al que salen los dientes, se lamenta la otra madre, que cuenta que gastó menos -unos 200 euros- y se queja de que no le avisaron en el Corte Inglés de que podían llevarle el encargo a casa. -Es que ni me tomaron el nombre. Pasará a recogerlos el 23, porque a su casa llegan Papá Noel y los Reyes.
Las dos menos diez. El corrillo de madres se deshace. El gran portón se abre y los niños empiezan a salir del colegio. Los periquitos emprenden el vuelo.
Imagen 1 :Una niña haitiana muestra sus dos Barbies en una vivienda de un batey al este de Santo Domingo. Inés Benítez
Imagen 2 : Dos niños, en un campamento saharauí en Dahla, Argelia, juegan con una suerte de coche de juguete hecho con alambres.Hernán Zin
