martes, febrero 26, 2008

El flanco izquierdo

Como mataron a su jefe, un gran capo del narcotráfico, el guardaespaldas X tuvo que buscar otro trabajo y terminó velando por la seguridad del flamante vicepresidente de la nación. Prefería su vida de antes, junto al rey de la cocaína. Cobraba más y trabajaba menos. El segundo de a bordo en el Gobierno se empeñaba en desplazarse en moto a las reuniones de alto nivel y andaba siempre de arriba para abajo embutido en chupa y casco como un superhéroe al que sólo le falta la capa. X le debía acompañar allá donde se dirigiera, cubriendo su flanco izquierdo desde otra moto, con lo poco que le gustaban, y siempre preparado para sacar el arma que cargaba en el cinto.


Nota: le dedico estas líneas a Josué

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia

lunes, febrero 25, 2008


Una señora indígena llega a las oficinas del Programa Nacional de Resarcimiento (PNR), creado en abril de 2003 para tratar de reparar el daño hecho a miles de personas durante la guerra. Esta señora fue violada por miembros del Ejército y va a una entrevista, a denunciar lo que ocurrió aquella mañana en la que fue ultrajada. Me pregunto cuán doloroso debe ser para ella recordar y revivir lo que pasó al tener que relatarlo para que se haga justicia. Pues bien, según me cuentan, en lo que se refiere a denuncias de violación en el PNR exigen la comprobación de que efectivamente las hubo. Y me pregunto por qué no les basta con el testimonio desgarrado de la señora indígena para creerselo. Me pregunto cómo se comprueba que hubo esa violación diez años después. Me imagino al funcionario diciéndole a la señora que no la ayudará porque no se puede demostrar que aquél coronel se le subió encima y abusó de ella.
Mujeres de una organización de Guatemala que investigaba las violaciones sexuales que se cometieron durante el conflicto armado, de 1960 a 1996, recibieron amenazas por parte de policías y militares retirados. Les pidieron que dejaran las indagaciones si no querían ser viudas o víctimas de abuso sexual.

El presidente Álvaro Colom dio hoy un paso adelante al anunciar la apertura de los archivos militares, hasta ahora considerados secretos de Estado en manos del Ministerio de Defensa, lo que contribuirá al esclarecimiento de muchos de los crímenes del pasado. Quizás también tendría que revisar el funcionamiento del Programa Nacional de Resarcimiento en lo que se refiere a los casos de violación.

Ojalá no se quede todo en agua de borrajas.
Pintada en la zona 1

martes, febrero 19, 2008

La primera compra

Lo primero que compró en su vida fue una bolsita de granos de maíz para alimentar a las palomas. Fue hace dos fines de semana. La plaza estaba llena de sol y de niños que corrían. Me pidió una moneda y fue despacio, con pasos cortos, hasta donde estaba sentado el vendedor con una gran cesta de mimbre. El hombre, sonriente, miró hacia abajo a la niña de dos años y medio que levantaba su brazo con un quetzal en la mano y le dio una bolsita a cambio. Luego, ya no me pidió maíz sino otra moneda para regresar donde el señor vendía y volver a jugar una y otra vez a dar de comer a las palomas. "Hay que compartir", les reclamaba cuando varias de ellas se disputaban los granos.

lunes, febrero 18, 2008

Felicidades Malolo

Desde este rincón digital, que también es tuyo y de todos los que quieran cobijarse a la sombra del flamboyán a leer lo que escribo, te enviamos las palabras más cariñosas, el abrazo más fuerte y un haiku en el día de tu cumpleaños:

Sesenta y dos

Padre, abuelo, maestro

Felicidades

viernes, febrero 15, 2008

Pena de periodismo

Me pregunto qué necesidad hay de que un periodista se tumbe en la camilla de un módulo letal, amarres incluidos, para que el presentador de un canal de televisión informe a la audiencia sobre los preparativos ante posibles próximas ejecuciones. Y es que en estos días están limpiando el dichoso módulo después de que el Congreso aprobara una ley que devuelve al presidente la facultad de conocer los recursos de gracia de los condenados, y restituye de hecho la aplicación de la pena de muerte en Guatemala.
Me quedé perpleja cuando en un informativo nocturno vi al presentador, micrófono en mano y con una música de fondo como de película de terror, junto a la camilla en la que ponen la inyección a los condenados. Y allí tendido había alguien haciéndose pasar por muerto o persona a punto de morir.
Ya es suficientemente mala la noticia de que el Congreso aprobó la ley, que un montón de organizaciones rechazan porque dicen que tiene defectos y va contra principios de derecho internacional, como para que los periodistas seamos tan macabros.
En una de las paredes de la capilla ardiente del módulo hay un inscripción que hizo en la pared uno de los ejucatados antes de morir: "Que Dios cuide de mi alma", dejó dicho.
Qué poco respeto hacia los que allí murieron por muy delincuente que fuera, sus familiares, y hacia los espectadores, creo yo. Es como una burla. A mí me lo parece al menos.

Cuando hay un consenso casi mundial sobre que la pena de muerte es un castigo a abolir, porque se ha demostrado que no es disuasivo en ningún caso, Guatemala quiere ahora volver atrás. No creo que sea la solución a la terrible violencia imperante, pero la mayoría de la población sí lo piensa, hastiada como está de tanta delincuencia diaria. Así que el presidente -socialdemócrata- no vetará la ley y, según ha dicho, no indultará a los condenados.

Los periodistas podriamos hacer algo más que iluminar con los flashes la frase de despedida que escribió aquél condenado o ver cómo limpian el módulo letal en la cárcel de Pavón, y por Dios, sobre todo no presentarle al país la noticia con una persona inmovil en la camilla, con todos los amarres puestos y música de terror de fondo.

jueves, febrero 14, 2008

Tejiendo supervivencia


Copio abajo un texto que escribí para IPS. Antes, algo que me llamó la atención el día que fui a Sololá.
Los niños volvían caminando del colegio por una carretera de tierra que serpenteaba entre maizales hasta llegar a comunidades como La Fe y El Adelanto, significativos nombres para tan desfavorecidas aldeas indígenas. Con sus cortes y huipiles, algunas niñas iban agarradas de las manos o una tras otra en fila india, con grandes mochilas de vivos colores en la espalda. Pese a su pobreza, me pareció una riqueza para ellas poder salir de la escuela y regresar a casa caminando bajo el cielo azul entre la milpa.
A esa misma hora, en la capital, a los niños hijos de familias pudientes los estarían recogiendo de sus seguras guarderías y colegios grandes carros con cristales ahumados. A veces, las madres o padres no se bajan siquiera, las profesoras y niñeras acercan al niño al coche y lo colocan en la silla del asiento trasero. Otras, es la muchacha indígena que les sirve en casa, o el guardaespaldas fornido y armado que les protege, quien desciende de las alturas del coche para recoger al hijo. Hasta dos guardaespaldas he visto salir de esos carros fúnebres.
Qué diferente es el camino que hacen los niños del campo para a su casa de techo de aluminio. Por lo menos a mí me lo parece. Cómo se iban riendo orillados en el camino de tierra.
Ahora sí, la nota prometida:
Tejiendo supervivencia
SOLOLÁ, Guatemala, feb (IPS) - "Antes de formar parte de la asociación estábamos encerradas en nuestras casas. Ahora hemos logrado perder el miedo y la vergüenza a salir, conocer otros lugares y, además, aportamos dinero a nuestras familias", cuenta Nicolasa Raxtun, una indígena maya cakchiquel de 30 años.
En una casa de Chuacruz, una pequeña comunidad de unos 800 habitantes en la región guatemalteca de Sololá, seis mujeres aborígenes se reúnen para contar a IPS cómo ha influido en sus vidas integrarse en la Asociación de Artesanos Aj Quen, que en lengua cakchiquel significa El Tejedor.
La entidad que aglutina hoy a 781 personas, en su mayoría mujeres, nació en febrero de 1989 por iniciativa de representantes de grupos organizados de artesanas indígenas de las regiones sudoccidentales de Sololá, Totonicapán y Quetzaltenango, la norteña Alta Verapaz y la central Chimaltenango.
Conservar la cultura milenaria y ofrecer capacitación y asistencia son parte de una propuesta de desarrollo integral basada en el comercio justo. Esta experiencia es protagonizada por mujeres pobres indígenas que acceden así a fuentes de trabajo y ganan confianza y autoestima, pese a las dificultades persistentes como la débil capacidad productiva y la falta de legislación apropiada para promover y proteger la actividad de esta asociación, al igual que la del millón de otros artesanos guatemaltecos.
"Las fundadoras fueron sobre todo mujeres de la región del Altiplano que quedaron viudas durante el conflicto armado interno", relata a IPS el coordinador ejecutivo de Aj Quen, José Víctor Pop, quien destaca el "avance" de su situación desde 1989, "porque antes no se atrevían a salir de sus casas y ahora asisten a cualquier actividad social".
Una mujer indígena confirmó a IPS que en sus más de 30 años, nunca había salido de su aldea y que subió a un autobús por primera vez en su vida para llevar unos tejidos a Chimaltenango, donde está la sede de Aj quen. Vinculado al proyecto desde 1994, Pop recuerda que la guerra civil dejó a estas mujeres muy marcadas y con mucho miedo, en un medio donde además impera el machismo.
Todo las empujaba a encerrarse, pero el trabajo en grupo las hizo ganar autoestima y confianza, asegura. En 1996, los acuerdos de paz pusieron fin a 36 años de guerra entre la insurgente Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca y las fuerzas de seguridad del Estado, que dejó unas 200.000 víctimas, la mayoría indígenas.
Las bufandas, fundas para cojines, bolsos, manteles y demás piezas elaboradas por 25 grupos de artesanos se exportan: 85 por ciento a Europa, 10 por ciento a Estados Unidos y cinco por ciento se distribuye localmente, detalla a IPS Jorge Mario Tzaj, encargado de diseño. "Pero lo importante es la capacitación", advierte Pop, porque el objetivo es mejorar el nivel de vida de los asociados, brindando apoyo técnico, financiero y socioeconómico, al tiempo que se conserva su cultura milenaria mediante la producción de artesanía.
En la casa de Raxtun, casi desdibujada por una niebla húmeda, hay dos máquinas donde cosen cremalleras. En la cercana comunidad de El Adelanto, otro grupo de mujeres borda a mano estrellas en fundas de celular y estuches portalápices, conformando así un trabajo en cadena que comienza con un primer diseño de lienzo en la sede de Chimaltenango, desde donde se distribuyen patrones y materia prima a los artesanos, se imparten cursos de formación y se recibe el producto acabado.
La elaboración del tejido se lleva a cabo en la comunidad de Chaquijya, donde cuentan con 10 telares de pedal y una guardería. Así se integra el esfuerzo de mujeres que trabajan en manualidades con artesanas del sencillo telar de cintura a pedal, en el que el hilo de urdimbre se extiende entre un objeto inmóvil y el cuerpo de la tejedora y las levas mueven las urdimbres por donde pasan las tramas, sastres, grupos de crochet y bordado.
Como entidad privada sin ánimo de lucro, Aj Quen se basa en los principios del comercio justo, de forma que los beneficios obtenidos de la venta llegan directamente y de forma equitativa a los asociados. "Obtenemos buen precio", confirma Raxtun.
"Este proyecto ha ayudado mucho a mi familia porque necesitamos dinero para alimentación y ropa", indica a IPS en un titubeante español Antonia Churunel, de 33 años, seis hijos, y un marido empleado en la capital. "Al trabajar organizadamente, no de forma individual, hemos logrado resultados", agrega, con su hija Evelyn, de un año y medio, entre los brazos.
Mientras las mujeres cuentan su historia, la mayoría en lengua cakchiquel, varios niños corren por el patio entre gallinas, cerca de cultivos de maíz y arvejas. "Somos un apoyo económico para el esposo", subraya María Chiroy, de 52 años y tres hijos.
Gracias a las capacitaciones, periódicamente las artesanas tienen la opción de laborar para otros proyectos y obtener más ingresos. Juana Raxtun, de 29 años, calcula que puede ganar entre 600 y 700 quetzales (80 y 90 dólares) mensuales con su trabajo de confección en Chuacruz.
Cincuenta y uno por ciento de los guatemaltecos son pobres y 15,2 por ciento indigentes, siendo la población rural, las mujeres y los indígenas los más desfavorecidos, según datos del Instituto Nacional de Estadística, que cifra en 41 por ciento el número de aborígenes.
Lorenzo Muxtai, coordinador del programa de educación de Aj Quen explica a IPS que las capacitaciones tienen una parte técnica, que incluye manejo de telares, máquinas de coser y manualidades, y otra social, que tiene que ver con género, salud reproductiva y derechos humanos.
Los cursos insisten en la formación económica y enseñan contabilidad básica y microempresa, sin dejar de lado aspectos como la incidencia política, el poder local y la cultura democrática. "El cambio se ha visto desde 1989.
Empezamos a trabajar con mujeres sin educación formal, y con las capacitaciones empiezan a tener el valor de hablar en público, viajar en autobuses, y comienzan a mejorar sus condiciones de vida", narra Muxtai. Con su "desarrollo integral", las mujeres se benefician ahora con una fuente de trabajo e ingreso económico y se vinculan por sí solas a otras organizaciones, tienen más pedidos y tejen huipiles y cortes, la vestimenta de los indígenas, para vender en el mercado local, subraya.
En 2007, las ventas crecieron 11 por ciento respecto del año anterior. Sin embargo, han tenido que superar inconvenientes, como la falta de nuevos diseños, la débil capacidad productiva o fenómenos naturales, como la tormenta Stan en 2005, que aisló comunidades e impidió las entregas y las capacitaciones, apunta.
Cuarenta por ciento del proyecto productivo comercial se autofinancia y el resto, que corresponde al programa educativo, es solventado por la confederación de organizaciones no gubernamentales Oxfam Bélgica, con cuya ayuda se planea abrir varias tiendas solidarias en el país. Sololá, a unos 140 kilómetros de Guatemala, es la región donde viven más grupos asociados: 18 con 601 personas. Algunas de las hijas de las fundadoras, que eran analfabetas, se han ido involucrando también en el trabajo, cuenta a IPS Carlos Mendoza, encargado de producción.
La asociación tiene un programa de microcréditos y lucha para que entre en vigencia la ley de Protección y Desarrollo Artesanal (decreto 141-96). "Necesitamos una organización de derecho intelectual, más participación de los artesanos en el gobierno y una escuela de artesanía nacional, para que asistan los niños", detalla Pop, quien lamenta que "pierde la cultura por la emigración". Pop sostiene que esta norma, tal como está redactada, "nunca ha funcionado" ni está acorde con las necesidades de los artesanos, por lo que precisa una reforma.
Las expectativas están centradas en el flamante presidente centroizquierdista Álvaro Colom, quien durante la campaña electoral se comprometió a modificar la ley, promulgada el 9 de enero de 1997, y a crear un reglamento que la actualice e incluya demandas del sector. Pero consultas realizadas por IPS entre diputados y funcionarios del gobierno asumido el 14 de enero admitieron desconocer el asunto.
Mientras las mujeres hablan en la casa bajo techo de aluminio, María Julajuj urde afuera en un pequeño telar, sentada en el suelo. No se acuerda de su edad, pero sus dedos se mueven con habilidad junto a un canasto en el cual se amontonan hilos de colores enroscados en pequeñas latas de jugos vacías.
"No logramos que salgan de la pobreza, pero es un esfuerzo para su supervivencia. Si antes no tenían para una libra de azúcar, ahora les alcanza para la canasta básica", concluye Pop.

lunes, febrero 11, 2008

No hay derecho



Ojalá que Catarina Lux, de 68 años, sobreviviente a las matanzas que se llevaron a cabo en Guatemala durante el conflicto armado interno, pueda en vida alzar su mirada gacha y decir que se hizo justicia ante las atrocidades. Ojalá que las lágrimas vertidas por la mala muerte de su marido y tres hijos sean por fin comprendidas y resarcidas de alguna manera. Los responsables andan sueltos y no hay derecho.

miércoles, febrero 06, 2008

Confeti para el pájaro muerto


Hoy al mediodía un pájaro se estrelló contra el cristal del balcón y cayó al suelo muerto. Al menos eso imaginé cuando lo vi tendido sobre los baldosines color café, con los ojos abiertos, pico cerrado y pecho rojizo de sangre.

Mi hija Ana, de dos años y medio, lo vio primero.
-Mira, mamá. ¿Qué le pasa?, preguntó. Quiero salir a verlo.

Andaba con un huevo pintado en las manos, uno de cuatro que trajo ayer martes de la guardería rellenos de confeti por ser el día de Carnaval, y empezó a echar por encima del pequeño cuerpo inmovil los papelitos de colores, como si así lograra revivirlo.

Llueve confeti
sobre el pájaro muerto
Pasó el Carnaval

Joven dominico haitiana se peina antes de ser bautizada por el sacerdote belga Pedro Ruquoy en Barahona. Orlando Barría

Gonaives (Haití)

Gonaives (Haití)
A solas con la palabra. Sep 2004