martes, noviembre 25, 2008

Juguetes



















Dos menos veinte de la tarde. En la puerta de un colegio público, en un barrio popular malagueño, se congregan algunas madres esperando la salida de sus hijos.


-Ya he apartado los juguetes en el Corte Inglés, le cuenta una a otra. Me los van a llevar a casa, pero llamarán antes para que entretenga a los niños. He gastado unos 400 euros, pero queda la bicicleta, que le va a regalar el padre, y la Barbie del Castillo de Diamantes, que es la de la última película. Las muñecas eran de las más caras: el Nenuco con el caballo balancín, el muñeco que pone el orinal amarillo como si hubiese hecho pipí y ese otro al que salen los dientes. También el carrito de juguete de Hello Kitie, porque, hija, tienen dos, pero el de Winnie Poo está destrozado. También he apartado la fábrica de chucherías y la heladería de hacer helados con plastilina.
En mi casa sólo tengo dos habitaciones y no caben los juguetes.

Mientras habla -melena lisa, casi blanca y por la cintura, chandal gris- pían unos periquitos verdes en un árbol cercano. Hacen un curioso contraste con las palomas grises. Una de sus hijas duerme profundamente en un carrito. -Sí, tú duerme ahora, le increpa, que después bien que me das la lata toda la tarde.

-Pues cuando yo fuí a apartarlos ya no quedaba ese muñeco al que salen los dientes, se lamenta la otra madre, que cuenta que gastó menos -unos 200 euros- y se queja de que no le avisaron en el Corte Inglés de que podían llevarle el encargo a casa. -Es que ni me tomaron el nombre. Pasará a recogerlos el 23, porque a su casa llegan Papá Noel y los Reyes.

Las dos menos diez. El corrillo de madres se deshace. El gran portón se abre y los niños empiezan a salir del colegio. Los periquitos emprenden el vuelo.

Imagen 1 :Una niña haitiana muestra sus dos Barbies en una vivienda de un batey al este de Santo Domingo. Inés Benítez

Imagen 2 : Dos niños, en un campamento saharauí en Dahla, Argelia, juegan con una suerte de coche de juguete hecho con alambres.Hernán Zin












viernes, noviembre 14, 2008

Elegancia africana









El calor seca
el pincel en su ruta
del bote al lienzo


Mujer embarazada en un mercado.
Obra Africana, Miquel Barceló.

lunes, noviembre 10, 2008





El cielo sangra

para los ojos de Ana

cuando atardece





¨Mamá, el cielo tiene sangre¨, dice Ana, de 3 años, ante una puesta de sol.

viernes, octubre 17, 2008

Alba, de piel casi transparente

De casualidad, la maestra encontró en la biblioteca del colegio un cuento que la niña escribió muchos años atrás. Ahí estaba, en las páginas de una libreta, junto a relatos de otros alumnos: su letra infantil, de trazos claros, su imaginación estampada para siempre.
Se llamaba Alba y su piel era casi transparente. La maestra recordó que alguna vez, en el patio, agarró uno de los extremos de la comba mientras ella saltaba. Era menuda, callada. Parecía más pequeña que el resto de sus compañeros.
Aunque le habían diagnosticado el sida, su familia la despertaba cada mañana para ir a clase. No pasó mucho tiempo hasta que, derrotada por la enfermedad, tuvo que ser hospitalizada y murió. Su muerte pasó casi desapercibida en el colegio o así se quiso. Sobre todo, después de que los padres del resto de los alumnos conocieran el motivo del fallecimiento. A su entierro sólo acudió su profesora de entonces para acompañar a los familiares. Tenía 8 años y le gustaba escribir cuentos.


* Para Alba. Relato basado en uno contado hace unas semanas por mi madre.

lunes, septiembre 15, 2008

El País del Libro

Sobrevolaban campos de bufandas parlantes, de serpientes agudas, de globos pinchados, de prismáticos rosas con vista de elefante. Clara y Pepa buscaban figuras en las nubes; Tatara y Juan conducían un avión; y Martenisa, como siempre, miraba en el mapa.

De pronto, se nos desviaron los polluelos (el avión en el que viajaban volaba gracias a que un grupo de pájaros agitaban las alas y generaban la fuerza de un motor), y tuvimos que aterrizar. Preguntaron a un pistilo a franjas azules dónde nos encontrábamos y les dijeron que bastante cerca del País del Libro. Él les metió dentro de sí y empezó a volar. Era una situación maravillosa: volaban dentro de un pistilo de colores hacia el llamado País del Libro.

Juan abrió una raja en el fondo del pistiloy miró: lo que allí estaba era un enorme, pero muy enorme libro. El pistilo aterrizó y nos dejó. Andando mucho por la hoja, vimos a las letras andar como nosotros. Eran personas como nosotros, nos miraban como la i con su punto y nos sonreían como la u. Fuimos a parar a un dibujo: era una casa y nos metimos en ella.

Allí, eso vieron, vivían las vocales; los saludaron y les invitaron a comer. Comieron sopa de abecedario y, de postre, macedonia de efes. Las vocales contaron a nuestros amigos que, a media noche, sacudía a toda la hoja un fuerte terremoto; pues, para que hubiera un nuevo día, también tiene que haber una nueva hoja.

Pasaron el resto del día conociendo nuevas letras: por ejemplo, a sus vecinas, dos erres parlanchinas que nunca se separaban. Y así llegó la noche, y el fuerte terremoto se produjo, de forma que, a la mañana siguiente, en vez de estar en una casa y en la hoja 128, se encontraban en un castillo y en la 129. Se oyó una música celestial, bajamos y resulta que la i y su punto se iban a casar. Después de la boda, nos contaron que así se hacía en el libro, y que después la i tendría hijos puntos y palitos, estos se casarían y así sucesivamente. Después de desayunar, fueron al Mago Z para que les explicara el origen del libro y les dijo así:

Un día, un gigante llamado Son-són Pitiribosón leía un libro. A él no le gustaban los libros, pero su padre hacía que los leyera. De mayor, se casó con una mujer que era hada en secreto, y a la que también le gustaba la lectura. No se entendían nada bien, y un día el gigante se disponía a quemar este libro, y dijo el hada: "Muere tú", "Viva el libro". Y así pasó: murió el gigante y aquí tienes al libro vivito y letreando.

Era curioso aquél país: alguien daba un gran salto en la hoja, y caía a la de abajo (...)


Esto es un fragmento del capítulo "El País del Libro", dentro del cuento más largo "Juan y la Luna" que escribí con 9 años. Mi madre lo pasó a máquina para leérselo a sus alumnos y me lo dio el otro día. Con 34 no puedo escribir nada mejor.

domingo, agosto 10, 2008

El perro y la ambulancia

La ambulancia pasó tan rápidamente por el paseo marítimo de La Carihuela que atropelló a un perro caniche blanco. Oímos el sonido de las sirenas y la vimos circular a una velocidad que nos pareció excesiva desde el restaurante en el que comíamos. Una media hora más tarde, alguien nos contó que la ambulancia había matado "al perro de Miguel el ruso". En medio del paseo yacía el animal, con la cabeza de lado sobre un charco de sangre. Miguel había acercado al perro la silla de un bar cercano y estaba sentado con las manos apoyadas sobre la cabeza, sin querer creer lo que había pasado. Su mujer lloraba y dos hijos trataban de consolarles. Algunos bañistas se acercaron curiosos, comentaban enfadados que la víctima bien podría haber sido un niño y señalaban por dónde había venido la ambulancia gesticulando mucho. No tardó en llegar un pequeño camión de los que recogen la basura para retirar al perro del paseo, pero el encargado se quedó esperando cuando vio el triste panorama.
Miguel todavía creía que su caniche estaba vivo. "No está vivo, Miguel, no está vivo", le decía su mujer mientras nos alejábamos.

viernes, agosto 08, 2008









Las lágrimas del árbol roto atravesando las líneas pintadas en el tronco. Los supositorios entre huevos en la nevera y Ana bailando con su malla feriera. Tres fotos para los tres que dicen gracias a vuestra dedicación y cariño en nuestra vuelta a España.


sábado, junio 21, 2008

La cámara de la calle Vendeja




Me pregunto por qué habrá una cámara fija en aquel balcón del segundo piso de la calle Vendeja, enfocando a la esquina donde las prostitutas suelen esperar a sus clientes cada noche. Quizás sea la terraza de la casa del chulo, que las vigila y vela por su seguridad, o un morboso que cuelga vídeos en You Tube.
Al volver a España, después de casi ocho años viviendo en la República Dominicana y Guatemala, me siento un poco como una turista en mi propia ciudad. Tiene sus cosas buenas, porque una se fija en las cosas que siempre ha tenido a su alrededor con la curiosidad del extranjero. Por eso descubrí la cámara, observando esos balcones con barrotes de hierro de las casas antiguas en una calle muy céntrica de Málaga.
Esta mañana me asomé temprano a la ventana del apartamento que hemos alquilado por un mes, y que está a pocos metros de la vivienda del chulo, el morboso o quién sabe el que colocó la cámara en el balcón. Un perro zigzagueaba por en medio de la carretera sin miedo a los coches que a esa hora no circulaban todavía. Se escuchaba fuerte y claro el piar de los pájaros que volaban por encima de los tejados. Eran las ocho.

jueves, junio 19, 2008

La Virgen y el niño

"Está llorando", le dice a la madre la hija de casi tres años, señalando un cartel de la Virgen del Carmen, colgado en la puerta de una tintorería. La Virgen está vestida de verde, con el niño en el regazo, y sus ojos vierten grandes lagrimones oscuros que surcan su rostro muy pálido.

"¿Y por qué llora?", le pregunta la madre. "No quiere cargar al niño", responde la hija.

Málaga, 19 de junio

martes, mayo 27, 2008

Pétalo rosa


“Vamos a los árboles rosas”, pide a la madre la hija de casi tres años recordando un pequeño jardín con bancos de madera junto al barrio chino de Montreal.
La hija había jugado dos tardes bajo los árboles florecidos, recogiendo del suelo los pétalos que la brisa desprendía de las ramas. Amontonaba palitos y piedras e inventaba caminos en el “bosque de Ricitos de Oro”.
Pero en este comienzo de verano, el aspecto de los árboles cambia con los días. El tono rosa de las copas pasó a ser verde y el viento se llevó lejos los pétalos.
“Mamá, vamos a los árboles rosas”, insiste la hija. La madre enfila el carrito hacia el barrio chino buscando la placita. “No está el parque. Ese no es el bosque”, dice la hija con los ojos muy abiertos y un puchero en la boca. Y se echa a llorar.
Del pañuelo blanco con el que la madre enjugó las lágrimas cayó al suelo un pétalo rosa.
Montreal, 26 de mayo

jueves, mayo 22, 2008

Luna borrada

“La luna está borrada”, dice la hija de casi tres años. La madre empuja el cochecito y cae la tarde.

Con su dedo índice, la hija señala la luna difuminada, casi llena, apenas visible tras las nubes.

"Hay que pintarla”, añade. “Píntala, mamá”.

Montreal, mayo de 2008

viernes, mayo 16, 2008

En Montreal




Los árboles florecen en cuestión de días: verdes, rojos, rosas.
Las gaviotas sobrevuelan el río que hace dos meses arrastraba grandes bloques de hielo corriente abajo.
Los parques se llenan de gente que descubre sus cuerpos al sol.
Las torres de las basílicas neogóticas se reflejan en las fachadas acristaladas de los rascacielos.
Las campanas suenan a las horas en punto.
Hay galerías de arte en cada esquina y restaurantes con comidas de infinidad de países.
Bon Jour Madam, merci, thank you y el barrio chino
Las ardillas corretean por las plazas entre las palomas y gaviotas y se pelean por los cacahuetes
Los patos nadan en los estanques y se pelean por los mendrugos de pan con las gaviotas y los peces naranjas.
Las bicicletas tienen su carril y sus barras de aparcamiento
Los jóvenes bailan Capoeira en grupo en las plazas con fuentes y otros, en soledad, hacen Taichí al atardecer bajo una lluvia de pétalos rosas que el aire descuelga de los árboles florecidos.
Al medio día, las terrazas se llenan de comensales que charlan mirando al sol que no calienta en invierno.
Mont Royal, Mont Real, Montreal.
Partí de Guatemala, "lugar de bosques", después de casi tres años intensos, sin despedirme ni conocerlo tanto como hubiera querido. Me llevo dentro mucho de ese país.

martes, marzo 11, 2008

Una oportunidad para que se haga justicia


Este lunes, seis familiares de otros tantos desaparecidos en la aldea de Choatalum (Chimaltenango) entre 1982 y 1984 sentaron en el banquillo al ex comisionado militar Felipe Cusanero.
Mediante los comisionados militares, el ejército reclutaba durante la guerra a civiles que recibían permiso de porte de armas y comunicación con jefes castrenses a quienes debían delatar a colaboradores de la guerrilla.
Es un juicio histórico, la primera vez que un caso de desaparición forzosa llega a los tribunales.
Es una oportunidad para las miles de víctimas que piden justicia.
En la sala del Tribunal de Sentencia no cabía un alfiler, los ventiladores escupían aire a máxima potencia y había ambientadores colgados de las ventanas.
Al menos 45.000 personas desaparecieron durante el conflicto armado que sacudió al país entre 1960 y 1996. Guatemala está llena de cementerios clandestinos y las exhumaciones van lentas.
En la primera audiencia se pudo escucha a testigos que contaron como el acusado, que vive en la aldea en arresto domicilario, se llevó a sus familiares al cuartel de Chimaltenango y no los volvieron a ver.
Si hay sentencia firme contra Cusanero tras las varias audiencias que quedan por celebrar se sentaría un importante precedente.

Foto: Una mujer indígena de Choatalum escucha el juicio

martes, febrero 26, 2008

El flanco izquierdo

Como mataron a su jefe, un gran capo del narcotráfico, el guardaespaldas X tuvo que buscar otro trabajo y terminó velando por la seguridad del flamante vicepresidente de la nación. Prefería su vida de antes, junto al rey de la cocaína. Cobraba más y trabajaba menos. El segundo de a bordo en el Gobierno se empeñaba en desplazarse en moto a las reuniones de alto nivel y andaba siempre de arriba para abajo embutido en chupa y casco como un superhéroe al que sólo le falta la capa. X le debía acompañar allá donde se dirigiera, cubriendo su flanco izquierdo desde otra moto, con lo poco que le gustaban, y siempre preparado para sacar el arma que cargaba en el cinto.


Nota: le dedico estas líneas a Josué

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia

lunes, febrero 25, 2008


Una señora indígena llega a las oficinas del Programa Nacional de Resarcimiento (PNR), creado en abril de 2003 para tratar de reparar el daño hecho a miles de personas durante la guerra. Esta señora fue violada por miembros del Ejército y va a una entrevista, a denunciar lo que ocurrió aquella mañana en la que fue ultrajada. Me pregunto cuán doloroso debe ser para ella recordar y revivir lo que pasó al tener que relatarlo para que se haga justicia. Pues bien, según me cuentan, en lo que se refiere a denuncias de violación en el PNR exigen la comprobación de que efectivamente las hubo. Y me pregunto por qué no les basta con el testimonio desgarrado de la señora indígena para creerselo. Me pregunto cómo se comprueba que hubo esa violación diez años después. Me imagino al funcionario diciéndole a la señora que no la ayudará porque no se puede demostrar que aquél coronel se le subió encima y abusó de ella.
Mujeres de una organización de Guatemala que investigaba las violaciones sexuales que se cometieron durante el conflicto armado, de 1960 a 1996, recibieron amenazas por parte de policías y militares retirados. Les pidieron que dejaran las indagaciones si no querían ser viudas o víctimas de abuso sexual.

El presidente Álvaro Colom dio hoy un paso adelante al anunciar la apertura de los archivos militares, hasta ahora considerados secretos de Estado en manos del Ministerio de Defensa, lo que contribuirá al esclarecimiento de muchos de los crímenes del pasado. Quizás también tendría que revisar el funcionamiento del Programa Nacional de Resarcimiento en lo que se refiere a los casos de violación.

Ojalá no se quede todo en agua de borrajas.
Pintada en la zona 1

martes, febrero 19, 2008

La primera compra

Lo primero que compró en su vida fue una bolsita de granos de maíz para alimentar a las palomas. Fue hace dos fines de semana. La plaza estaba llena de sol y de niños que corrían. Me pidió una moneda y fue despacio, con pasos cortos, hasta donde estaba sentado el vendedor con una gran cesta de mimbre. El hombre, sonriente, miró hacia abajo a la niña de dos años y medio que levantaba su brazo con un quetzal en la mano y le dio una bolsita a cambio. Luego, ya no me pidió maíz sino otra moneda para regresar donde el señor vendía y volver a jugar una y otra vez a dar de comer a las palomas. "Hay que compartir", les reclamaba cuando varias de ellas se disputaban los granos.

lunes, febrero 18, 2008

Felicidades Malolo

Desde este rincón digital, que también es tuyo y de todos los que quieran cobijarse a la sombra del flamboyán a leer lo que escribo, te enviamos las palabras más cariñosas, el abrazo más fuerte y un haiku en el día de tu cumpleaños:

Sesenta y dos

Padre, abuelo, maestro

Felicidades

viernes, febrero 15, 2008

Pena de periodismo

Me pregunto qué necesidad hay de que un periodista se tumbe en la camilla de un módulo letal, amarres incluidos, para que el presentador de un canal de televisión informe a la audiencia sobre los preparativos ante posibles próximas ejecuciones. Y es que en estos días están limpiando el dichoso módulo después de que el Congreso aprobara una ley que devuelve al presidente la facultad de conocer los recursos de gracia de los condenados, y restituye de hecho la aplicación de la pena de muerte en Guatemala.
Me quedé perpleja cuando en un informativo nocturno vi al presentador, micrófono en mano y con una música de fondo como de película de terror, junto a la camilla en la que ponen la inyección a los condenados. Y allí tendido había alguien haciéndose pasar por muerto o persona a punto de morir.
Ya es suficientemente mala la noticia de que el Congreso aprobó la ley, que un montón de organizaciones rechazan porque dicen que tiene defectos y va contra principios de derecho internacional, como para que los periodistas seamos tan macabros.
En una de las paredes de la capilla ardiente del módulo hay un inscripción que hizo en la pared uno de los ejucatados antes de morir: "Que Dios cuide de mi alma", dejó dicho.
Qué poco respeto hacia los que allí murieron por muy delincuente que fuera, sus familiares, y hacia los espectadores, creo yo. Es como una burla. A mí me lo parece al menos.

Cuando hay un consenso casi mundial sobre que la pena de muerte es un castigo a abolir, porque se ha demostrado que no es disuasivo en ningún caso, Guatemala quiere ahora volver atrás. No creo que sea la solución a la terrible violencia imperante, pero la mayoría de la población sí lo piensa, hastiada como está de tanta delincuencia diaria. Así que el presidente -socialdemócrata- no vetará la ley y, según ha dicho, no indultará a los condenados.

Los periodistas podriamos hacer algo más que iluminar con los flashes la frase de despedida que escribió aquél condenado o ver cómo limpian el módulo letal en la cárcel de Pavón, y por Dios, sobre todo no presentarle al país la noticia con una persona inmovil en la camilla, con todos los amarres puestos y música de terror de fondo.

jueves, febrero 14, 2008

Tejiendo supervivencia


Copio abajo un texto que escribí para IPS. Antes, algo que me llamó la atención el día que fui a Sololá.
Los niños volvían caminando del colegio por una carretera de tierra que serpenteaba entre maizales hasta llegar a comunidades como La Fe y El Adelanto, significativos nombres para tan desfavorecidas aldeas indígenas. Con sus cortes y huipiles, algunas niñas iban agarradas de las manos o una tras otra en fila india, con grandes mochilas de vivos colores en la espalda. Pese a su pobreza, me pareció una riqueza para ellas poder salir de la escuela y regresar a casa caminando bajo el cielo azul entre la milpa.
A esa misma hora, en la capital, a los niños hijos de familias pudientes los estarían recogiendo de sus seguras guarderías y colegios grandes carros con cristales ahumados. A veces, las madres o padres no se bajan siquiera, las profesoras y niñeras acercan al niño al coche y lo colocan en la silla del asiento trasero. Otras, es la muchacha indígena que les sirve en casa, o el guardaespaldas fornido y armado que les protege, quien desciende de las alturas del coche para recoger al hijo. Hasta dos guardaespaldas he visto salir de esos carros fúnebres.
Qué diferente es el camino que hacen los niños del campo para a su casa de techo de aluminio. Por lo menos a mí me lo parece. Cómo se iban riendo orillados en el camino de tierra.
Ahora sí, la nota prometida:
Tejiendo supervivencia
SOLOLÁ, Guatemala, feb (IPS) - "Antes de formar parte de la asociación estábamos encerradas en nuestras casas. Ahora hemos logrado perder el miedo y la vergüenza a salir, conocer otros lugares y, además, aportamos dinero a nuestras familias", cuenta Nicolasa Raxtun, una indígena maya cakchiquel de 30 años.
En una casa de Chuacruz, una pequeña comunidad de unos 800 habitantes en la región guatemalteca de Sololá, seis mujeres aborígenes se reúnen para contar a IPS cómo ha influido en sus vidas integrarse en la Asociación de Artesanos Aj Quen, que en lengua cakchiquel significa El Tejedor.
La entidad que aglutina hoy a 781 personas, en su mayoría mujeres, nació en febrero de 1989 por iniciativa de representantes de grupos organizados de artesanas indígenas de las regiones sudoccidentales de Sololá, Totonicapán y Quetzaltenango, la norteña Alta Verapaz y la central Chimaltenango.
Conservar la cultura milenaria y ofrecer capacitación y asistencia son parte de una propuesta de desarrollo integral basada en el comercio justo. Esta experiencia es protagonizada por mujeres pobres indígenas que acceden así a fuentes de trabajo y ganan confianza y autoestima, pese a las dificultades persistentes como la débil capacidad productiva y la falta de legislación apropiada para promover y proteger la actividad de esta asociación, al igual que la del millón de otros artesanos guatemaltecos.
"Las fundadoras fueron sobre todo mujeres de la región del Altiplano que quedaron viudas durante el conflicto armado interno", relata a IPS el coordinador ejecutivo de Aj Quen, José Víctor Pop, quien destaca el "avance" de su situación desde 1989, "porque antes no se atrevían a salir de sus casas y ahora asisten a cualquier actividad social".
Una mujer indígena confirmó a IPS que en sus más de 30 años, nunca había salido de su aldea y que subió a un autobús por primera vez en su vida para llevar unos tejidos a Chimaltenango, donde está la sede de Aj quen. Vinculado al proyecto desde 1994, Pop recuerda que la guerra civil dejó a estas mujeres muy marcadas y con mucho miedo, en un medio donde además impera el machismo.
Todo las empujaba a encerrarse, pero el trabajo en grupo las hizo ganar autoestima y confianza, asegura. En 1996, los acuerdos de paz pusieron fin a 36 años de guerra entre la insurgente Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca y las fuerzas de seguridad del Estado, que dejó unas 200.000 víctimas, la mayoría indígenas.
Las bufandas, fundas para cojines, bolsos, manteles y demás piezas elaboradas por 25 grupos de artesanos se exportan: 85 por ciento a Europa, 10 por ciento a Estados Unidos y cinco por ciento se distribuye localmente, detalla a IPS Jorge Mario Tzaj, encargado de diseño. "Pero lo importante es la capacitación", advierte Pop, porque el objetivo es mejorar el nivel de vida de los asociados, brindando apoyo técnico, financiero y socioeconómico, al tiempo que se conserva su cultura milenaria mediante la producción de artesanía.
En la casa de Raxtun, casi desdibujada por una niebla húmeda, hay dos máquinas donde cosen cremalleras. En la cercana comunidad de El Adelanto, otro grupo de mujeres borda a mano estrellas en fundas de celular y estuches portalápices, conformando así un trabajo en cadena que comienza con un primer diseño de lienzo en la sede de Chimaltenango, desde donde se distribuyen patrones y materia prima a los artesanos, se imparten cursos de formación y se recibe el producto acabado.
La elaboración del tejido se lleva a cabo en la comunidad de Chaquijya, donde cuentan con 10 telares de pedal y una guardería. Así se integra el esfuerzo de mujeres que trabajan en manualidades con artesanas del sencillo telar de cintura a pedal, en el que el hilo de urdimbre se extiende entre un objeto inmóvil y el cuerpo de la tejedora y las levas mueven las urdimbres por donde pasan las tramas, sastres, grupos de crochet y bordado.
Como entidad privada sin ánimo de lucro, Aj Quen se basa en los principios del comercio justo, de forma que los beneficios obtenidos de la venta llegan directamente y de forma equitativa a los asociados. "Obtenemos buen precio", confirma Raxtun.
"Este proyecto ha ayudado mucho a mi familia porque necesitamos dinero para alimentación y ropa", indica a IPS en un titubeante español Antonia Churunel, de 33 años, seis hijos, y un marido empleado en la capital. "Al trabajar organizadamente, no de forma individual, hemos logrado resultados", agrega, con su hija Evelyn, de un año y medio, entre los brazos.
Mientras las mujeres cuentan su historia, la mayoría en lengua cakchiquel, varios niños corren por el patio entre gallinas, cerca de cultivos de maíz y arvejas. "Somos un apoyo económico para el esposo", subraya María Chiroy, de 52 años y tres hijos.
Gracias a las capacitaciones, periódicamente las artesanas tienen la opción de laborar para otros proyectos y obtener más ingresos. Juana Raxtun, de 29 años, calcula que puede ganar entre 600 y 700 quetzales (80 y 90 dólares) mensuales con su trabajo de confección en Chuacruz.
Cincuenta y uno por ciento de los guatemaltecos son pobres y 15,2 por ciento indigentes, siendo la población rural, las mujeres y los indígenas los más desfavorecidos, según datos del Instituto Nacional de Estadística, que cifra en 41 por ciento el número de aborígenes.
Lorenzo Muxtai, coordinador del programa de educación de Aj Quen explica a IPS que las capacitaciones tienen una parte técnica, que incluye manejo de telares, máquinas de coser y manualidades, y otra social, que tiene que ver con género, salud reproductiva y derechos humanos.
Los cursos insisten en la formación económica y enseñan contabilidad básica y microempresa, sin dejar de lado aspectos como la incidencia política, el poder local y la cultura democrática. "El cambio se ha visto desde 1989.
Empezamos a trabajar con mujeres sin educación formal, y con las capacitaciones empiezan a tener el valor de hablar en público, viajar en autobuses, y comienzan a mejorar sus condiciones de vida", narra Muxtai. Con su "desarrollo integral", las mujeres se benefician ahora con una fuente de trabajo e ingreso económico y se vinculan por sí solas a otras organizaciones, tienen más pedidos y tejen huipiles y cortes, la vestimenta de los indígenas, para vender en el mercado local, subraya.
En 2007, las ventas crecieron 11 por ciento respecto del año anterior. Sin embargo, han tenido que superar inconvenientes, como la falta de nuevos diseños, la débil capacidad productiva o fenómenos naturales, como la tormenta Stan en 2005, que aisló comunidades e impidió las entregas y las capacitaciones, apunta.
Cuarenta por ciento del proyecto productivo comercial se autofinancia y el resto, que corresponde al programa educativo, es solventado por la confederación de organizaciones no gubernamentales Oxfam Bélgica, con cuya ayuda se planea abrir varias tiendas solidarias en el país. Sololá, a unos 140 kilómetros de Guatemala, es la región donde viven más grupos asociados: 18 con 601 personas. Algunas de las hijas de las fundadoras, que eran analfabetas, se han ido involucrando también en el trabajo, cuenta a IPS Carlos Mendoza, encargado de producción.
La asociación tiene un programa de microcréditos y lucha para que entre en vigencia la ley de Protección y Desarrollo Artesanal (decreto 141-96). "Necesitamos una organización de derecho intelectual, más participación de los artesanos en el gobierno y una escuela de artesanía nacional, para que asistan los niños", detalla Pop, quien lamenta que "pierde la cultura por la emigración". Pop sostiene que esta norma, tal como está redactada, "nunca ha funcionado" ni está acorde con las necesidades de los artesanos, por lo que precisa una reforma.
Las expectativas están centradas en el flamante presidente centroizquierdista Álvaro Colom, quien durante la campaña electoral se comprometió a modificar la ley, promulgada el 9 de enero de 1997, y a crear un reglamento que la actualice e incluya demandas del sector. Pero consultas realizadas por IPS entre diputados y funcionarios del gobierno asumido el 14 de enero admitieron desconocer el asunto.
Mientras las mujeres hablan en la casa bajo techo de aluminio, María Julajuj urde afuera en un pequeño telar, sentada en el suelo. No se acuerda de su edad, pero sus dedos se mueven con habilidad junto a un canasto en el cual se amontonan hilos de colores enroscados en pequeñas latas de jugos vacías.
"No logramos que salgan de la pobreza, pero es un esfuerzo para su supervivencia. Si antes no tenían para una libra de azúcar, ahora les alcanza para la canasta básica", concluye Pop.

lunes, febrero 11, 2008

No hay derecho



Ojalá que Catarina Lux, de 68 años, sobreviviente a las matanzas que se llevaron a cabo en Guatemala durante el conflicto armado interno, pueda en vida alzar su mirada gacha y decir que se hizo justicia ante las atrocidades. Ojalá que las lágrimas vertidas por la mala muerte de su marido y tres hijos sean por fin comprendidas y resarcidas de alguna manera. Los responsables andan sueltos y no hay derecho.

miércoles, febrero 06, 2008

Confeti para el pájaro muerto


Hoy al mediodía un pájaro se estrelló contra el cristal del balcón y cayó al suelo muerto. Al menos eso imaginé cuando lo vi tendido sobre los baldosines color café, con los ojos abiertos, pico cerrado y pecho rojizo de sangre.

Mi hija Ana, de dos años y medio, lo vio primero.
-Mira, mamá. ¿Qué le pasa?, preguntó. Quiero salir a verlo.

Andaba con un huevo pintado en las manos, uno de cuatro que trajo ayer martes de la guardería rellenos de confeti por ser el día de Carnaval, y empezó a echar por encima del pequeño cuerpo inmovil los papelitos de colores, como si así lograra revivirlo.

Llueve confeti
sobre el pájaro muerto
Pasó el Carnaval

jueves, enero 31, 2008

Porque el color de la sangre jamás se olvida


Margarito Lux tenía sólo dos años cuando los que mataron a su padre y dos de sus hermanos llegaron a su aldea de El Quiché. No se acuerda de lo que pasó, pero todavía siente en el hombro derecho el dolor de una fractura que se hizo al huir con su madre y que nunca tuvo tratamiento. Sus ojos se empañan cuando recuerda. Uno de sus hermanos, de 17 años, murió hace 28 en la quema de la embajada de España el 31 de enero de 1980. Ese día, un grupo de indígenas de la región de El Quiché y estudiantes universitarios ocuparon pacíficamente la sede de la legación diplomática para protestar contra las masacres que se estaban cometiendo en sus comunidades. Treinta y siete personas murieron quemadas vivas tras la intervención de los militares.
Angélica Catarina, de 66 años, y Catarina Lux, de 68, madre de Margarito, perdieron esposo e hijos en la quema y durante la guerra, que causó entre 1960 y 1996 unos 250.000 muertos. ¿Cómo es posible que haya 250.000 muertos y desaparecidos, en su mayoría indígenas, y ningún acusado (todos son ladinos) en la cárcel?
Una decena de indígenas que fueron testigos de masacres viajan precisamente hoy a España para declarar ante la Audiencia Nacional. Contarán sus historias en Madrid porque la justicia de su Guatemala natal no es capaz de resarcirles por las atrocidades que sufrieron, ni parece querer juzgar a los que mataron a sus hijos, tíos, madres y padres. Quizás el nuevo presidente Álvaro Colom debería haber declarado ya algo al respecto, puesto que ha tomado las riendas del país para los próximos cuatro años. La Corte de Constitucionalidad de Guatemala anuló en diciembre los procesos abiertos a siete acusados de genocidio, cinco militares y dos civiles, lo que a todas luces parece una vergüenza del sistema de justicia local.

Hoy, para obtener la imagen buscada, un fotógrafo le pedía a una de las viudas indígenas que sostuviese un cartel en el que se leía "Efraín Ríos Montt. Se busca, por genocidio". Era una mujer encorvada, con el rostro arrugado marcado por la vejez y el sufrimiento. Con un pañuelo rojo había sofocado minutos antes los sollozos al recordar la muerte de los suyos.

Al alejarme del lugar donde hoy ha tenido lugar una protesta contra la decisión de la Corte de Constitucionalidad de invalidar el proceso judicial contra los acusados de genocidio, he visto un payaso (siempre veo payasos, no sé si es que hay muchos o casualidad). Seguramente iba o venía de alguna celebración de cumpleaños y se había parado al ver las pancartas que rezaban "No al genocidio", el tumulto de la gente que gritaba: "porque el color de la sangre jamás se olvida".
Me he ido con él, dentrás del payaso, pensando en la huída de Margarito con su madre aquél día, en el miedo de ella, y preguntándome el porqué de tanta injusticia.

viernes, enero 25, 2008

Morir en el desierto

¿Cuáles serían sus últimos pensamientos? Murió en el desierto, a sólo un día de alcanzar suelo estadounidense. Cuando le encontraron los agentes de migración era un cuerpo descompuesto junto a un trozo de papel en el que se leía su nombre y la dirección de su casa, en una pobre y pequeña comunidad de Sololá. Era el mayor -unos 40 años- de un grupo de hombres que un día decidió tratar de buscar un mejor futuro fuera de Guatemala. No lo logró. El cansancio y quizás la emoción de estar tan cerca de su sueño pudieron con vida. Cayó en el suelo y, con la respiración entrecortada, les pidió a sus compañeros, que se fueran sin él. Ellos insistieron en ayudarle y, aunque era un hombre corpulento, le cargaron a hombros varios kilómetros. Pero cada vez estaba peor y al final le dejaron solo, adormilado en mitad de la nada, y continuaron el poco camino que les quedaba para pasar al otro lado. Al lado de las oportunidades. Antes de seguir, dejaron en uno de sus bolsillos un papel con su nombre, el de algunos de sus familiares y la dirección de su casa, no muy lejos del lago más bello del mundo. Quince días después, sus familiares de la comunidad de San Andrés recibieron una notificación en la que se leía que debían pagar 11.000 dólares por la repatriación del cadáver, que llegó en un ataud, volando desde los Estados Unidos, donde sus compañeros de viaje, los que escribieron la nota en el papel en el desierto, estarán tratando ahora de ganarse la vida. Los familiares contaban que no les dejaron abrir el ataud. ¿Y si no fuera él?, se preguntaban.

(historia contada por Carlos Mendoza, de la asociación Aj quen (El Tejedor), de Chimaltenango. También contaba Carlos que cuando un hombre decide emigrar a los Estados Unidos se casa antes y trata de tener un hijo. Así, si muere en el camino, no habrá sido en vano porque deja a una esposa y un crío que son como parte de él mismo, para seguir, de alguna manera, viviendo en ellos.



miércoles, enero 23, 2008

y mueren mujeres cada día


La primera noticia que escuché hoy al encender la radio del coche, después de sacar el CD de música para niños "Matatero tero la", que tanto le gusta a mi hija, es que habían acribillado a tiros a una mujer en la zona 11. Ya es natural oir diariamente sobre estos crímenes. Es algo terriblemente cotidiano.

Una agencia informa hoy de que al menos 30 mujeres han sido asesinadas en Guatemala en lo que va de 2008, --¿pero qué va de 2008? ¿Apenas 23 días?--.Una media de 1.32 feminicidios por día. Una de las últimas mujeres asesinadas fue la agente de la Policía Nacional Civil, Claudia María González, de 36 años, atacada a tiros el pasado lunes. La última fue la de hoy. No recuerdo su nombre, no recuerdo si el periodista lo dijo.
En el 2007, según las estadísticas oficiales, hubo 462 casos de asesinatos de mujeres, es decir una media de 1.26 feminicidios cada día.

Siguen las cuentas y porcentajes y ellas siguen muriendo, jóvenes en su mayoría.
Yo vuelvo a meter el CD de música infantil y ahora suena "Vamos a la vuelta de toro toro gil a ver a la rana comiendo perejil".

martes, enero 15, 2008

En Uruguay


Las puestas de sol a las nueve y los caracoles trepando el muro gris después de la lluvia
Las calles de tierra a la sombra de los eucaliptos, las casas matas, las bicicletas
La arena blanca de la playa sin gente y las olas del Río de la Plata
El cielo lleno de estrellas y la luna llena tras una nube
Una ventana mal cerrada con cortina a cuadros y el sonido del ventilador de techo
La Iglesia Reina Isabel de Austria, los columpios y el silencio de las mañanas roto sólo por el canto de los pájaros
El asombro de Ana ante el mar, las flores amarillas, las mariquitas, las cabras, la barba del abuelo
Los desayunos con café instantáneo y los cohetes de la última noche del año
El olor a cordero asado en la parrilla del patio y las hamacas paraguayas
La música infantil y Joaquín Sabina
Los abrazos, las siestas y las lágrimas

Joven dominico haitiana se peina antes de ser bautizada por el sacerdote belga Pedro Ruquoy en Barahona. Orlando Barría

Gonaives (Haití)

Gonaives (Haití)
A solas con la palabra. Sep 2004