viernes, febrero 15, 2008

Pena de periodismo

Me pregunto qué necesidad hay de que un periodista se tumbe en la camilla de un módulo letal, amarres incluidos, para que el presentador de un canal de televisión informe a la audiencia sobre los preparativos ante posibles próximas ejecuciones. Y es que en estos días están limpiando el dichoso módulo después de que el Congreso aprobara una ley que devuelve al presidente la facultad de conocer los recursos de gracia de los condenados, y restituye de hecho la aplicación de la pena de muerte en Guatemala.
Me quedé perpleja cuando en un informativo nocturno vi al presentador, micrófono en mano y con una música de fondo como de película de terror, junto a la camilla en la que ponen la inyección a los condenados. Y allí tendido había alguien haciéndose pasar por muerto o persona a punto de morir.
Ya es suficientemente mala la noticia de que el Congreso aprobó la ley, que un montón de organizaciones rechazan porque dicen que tiene defectos y va contra principios de derecho internacional, como para que los periodistas seamos tan macabros.
En una de las paredes de la capilla ardiente del módulo hay un inscripción que hizo en la pared uno de los ejucatados antes de morir: "Que Dios cuide de mi alma", dejó dicho.
Qué poco respeto hacia los que allí murieron por muy delincuente que fuera, sus familiares, y hacia los espectadores, creo yo. Es como una burla. A mí me lo parece al menos.

Cuando hay un consenso casi mundial sobre que la pena de muerte es un castigo a abolir, porque se ha demostrado que no es disuasivo en ningún caso, Guatemala quiere ahora volver atrás. No creo que sea la solución a la terrible violencia imperante, pero la mayoría de la población sí lo piensa, hastiada como está de tanta delincuencia diaria. Así que el presidente -socialdemócrata- no vetará la ley y, según ha dicho, no indultará a los condenados.

Los periodistas podriamos hacer algo más que iluminar con los flashes la frase de despedida que escribió aquél condenado o ver cómo limpian el módulo letal en la cárcel de Pavón, y por Dios, sobre todo no presentarle al país la noticia con una persona inmovil en la camilla, con todos los amarres puestos y música de terror de fondo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Y es que no pueden
ser buenos periodistas
personas malas.

Diría K.

O, peor todavía, las personas tontas, sólo atentas a sus propios intereses, o sea, a los entontecedores de las personas jurídicas a las que sumisamente sirven.

Ojalá a ese periodista le salga un buen moratón en el brazo la próxima vez que le extraigan sangre para su análisis, que lo necesita.

Anónimo dijo...

Ni cínicos ni malos.

Y es que algunas veces el periodista no es más que una marioneta de alguien que está más arriba. "sangre, morbo. Eso queremos", y no te queda más remedio que tumbarte en la camilla o hacer llorar a una madre desconsolada. Periodismo hermoso, pero ingrato.

Besos.

Inés dijo...

Así es, Claudia, desgraciadamente. A todos nos ha tocado alguna vez tener que tumbarnos en la camilla del condenado.
Qué bien que ya empezaste a servir de nuevo tus apetitosos platos...
Gracias por tus comentarios.
Besos


Joven dominico haitiana se peina antes de ser bautizada por el sacerdote belga Pedro Ruquoy en Barahona. Orlando Barría

Gonaives (Haití)

Gonaives (Haití)
A solas con la palabra. Sep 2004