Las hijas de Violeta tienen doce y catorce años y, después de que les pasó aquello, corren a veces a medianoche a cobijarse en la cama de su madre. Hace poco más de un mes que trataron de secuestrarlas. Un joven amenazó con una navaja a la mucama que iba a buscarlas cada día a la parada del autobús escolar. Venían con retraso. Ella llevaba esperando ya un rato. Y él también. La muchacha se resistió y le arrebató el arma, hiriéndose en los dedos, y corrió a por las niñas, que ya bajaban las escaleras del autobús. Les dijo que corriesen, que un hombre iba persiguiéndolas. Lograron escapar y cuando llegaron a la casa llamaron a Violeta.
Violeta contrató un detective privado que después de investigar averiguó que el secuestrador es un extorsionador acusado de violar a dos hermanas y con antecedentes de narcotráfico. Prefirió no denunciar el caso a la Policía, por miedo a que la maten en venganza. Violeta está divorciada y como la familia de su marido vive en EEUU viajó allá con sus hijas en su mes de vacaciones del trabajo para ver si podía empezar una nueva vida. Pero se encontró con que su marido había evadido impuestos en ese país mientras estuvieron casados, en el tiempo que vivieron allí. Así que tendría que pagar ese dinero para poder trabajar. Además, su ex marido no la ayuda sino que acumula un gran odio contra ella. Ahora está de vuelta, hoy se incorporó al trabajo. Vive de momento con sus hijas en casa de su hermana. En diciembre, su hermano y su madre, que viven en sendas casas al lado de la que ella ocupaba, también se mudan del barrio. El miedo les empuja a buscar otro lugar. Hoy mismo llegaron unos hombres a casa de la madre de Violeta, diciendo que eran del Ministerio Público. Pero ella no ha denunciado el caso. La andan persiguiendo.
Violeta dice que su madre, a la que iba a visitar todas las tardes, la echa de menos; que sus hijas quieren comprar alguna cosa, pero desisten diciendo: "ah, no, pero si no tenemos casa". No duermen porque echan de menos sus camas. Hasta su perra se siente extraña en casa ajena.
¿Qué clase de sistema es aquél en el que las personas se ven obligada a abandonar sus casas, a veces sus trabajos, por miedo a un delincuente al que no pueden denunciar por miedo a morir?
Violeta es un caso más, entre los muchos que muestran el clima de violencia, tensión e impunidad que se vive en Guatemala.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Joven dominico haitiana se peina antes de ser bautizada por el sacerdote belga Pedro Ruquoy en Barahona. Orlando Barría
Gonaives (Haití)
A solas con la palabra. Sep 2004
No hay comentarios:
Publicar un comentario