
Los árboles florecen en cuestión de días: verdes, rojos, rosas.
Las gaviotas sobrevuelan el río que hace dos meses arrastraba grandes bloques de hielo corriente abajo.
Los parques se llenan de gente que descubre sus cuerpos al sol.
Las torres de las basílicas neogóticas se reflejan en las fachadas acristaladas de los rascacielos.
Las campanas suenan a las horas en punto.
Hay galerías de arte en cada esquina y restaurantes con comidas de infinidad de países.
Bon Jour Madam, merci, thank you y el barrio chino
Las ardillas corretean por las plazas entre las palomas y gaviotas y se pelean por los cacahuetes
Los patos nadan en los estanques y se pelean por los mendrugos de pan con las gaviotas y los peces naranjas.
Las bicicletas tienen su carril y sus barras de aparcamiento
Los jóvenes bailan Capoeira en grupo en las plazas con fuentes y otros, en soledad, hacen Taichí al atardecer bajo una lluvia de pétalos rosas que el aire descuelga de los árboles florecidos.
Al medio día, las terrazas se llenan de comensales que charlan mirando al sol que no calienta en invierno.
Mont Royal, Mont Real, Montreal.
Partí de Guatemala, "lugar de bosques", después de casi tres años intensos, sin despedirme ni conocerlo tanto como hubiera querido. Me llevo dentro mucho de ese país.
1 comentario:
Dejé Guatemala un día
volando hacia Canadá
y en las nubes encontré
un papel que así decía:
Dejé Guatemala un día
volando hacia Canadá
y en las nubes encontré
un papel que así decía:
Dejé Guatemala un día
volando hacia Canadá
y en las nubes encontré
un papel que así decía:
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