lunes, abril 12, 2010

Más recuerdos...

Me acuerdo del Boti-bota.

Me acuerdo de "De cada peca me sale una rosa y quien no tenga pecas es sosa".

Me acuerdo de los dos rombos.

Me acuerdo del "Ya tú sabes" de la República Dominicana.

Me acuerdo de los cromos, de los juegos con piedras, del juego de las tres en raya en las baldosas marrones y blancas del colegio. De Emilio, que bailaba break-dance encima del aljibe.

Me acuerdo del poliladro (pilla pilla de policías y ladrones).

Me acuerdo de que una vez casi rompo la batidora cuando metí las patatas sin cocer.

Me acuerdo de las medias lunas de chocolate en la pastelería La Exquisita.

Me acuerdo de cuando no había túnel para ir a la Plaza de la Merced.

Me acuerdo del hotel Miramar.

Me acuerdo de que me atraganté con una bola de chupa-chup bajando las escaleras después de una consulta con el Subiris. ¿Volvimos a subir?

Me acuerdo del teléfono de Verónica: 29 28 15

Me acuerdo del laberinto de cristales del Tívoli y de un concierto de la Década Prodigiosa.

Me acuerdo del profesor de Matemáticas del Instituto, que le llamaban el rey de los Unos porque casi nadie pasaba del 2 en sus exámenes.

Me acuerdo de una palma larga que trajo Antonio Heredia un domingo de Ramos. Que estuvo un tiempo en la esquina del salón pegada a la terraza. De que me gustaban sus ojos verdes.

Me acuerdo de las ganas de llorar que me daban los dibujos de Candy cuando sus enormes ojos azules temblaban y se llenaban de lágrimas.

Me acuerdo de Pórtugos, el Mundial de Naranjito del 82, un ratón y la picadura de una avispa en la piscina.

Me acuerdo de cuando pusieron las farolas en la calle Cervantes.

Me acuerdo de las comidas en el restaurante Chino de Cánovas del Castillo y de un camarero. No recuerdo su nombre.

Me acuerdo de los tes americanos con Pedro. De lo que me gustaba hacer vivac (dormir con el saco al raso, sin tienda de campaña). Dormirme viendo las estrellas y despertarme con el sol en los ojos.

Me acuerdo de un verano en Cazorla. De que había un sitio para bailar. De la trucha para comer y la piscina.

Me acuerdo de echar agua con jeringuillas en Las Alpujarras. De lo fría que estaba el agua del río.

Me acuerdo de "Unidad, Unidad, en el Frente Democrático de Izquierdas" porque escuché mi voz de 3 ó 4 años en una cinta.

Me acuerdo de las cintas y el tocadiscos.

Me acuerdo de los folios con rayas negras para poner debajo del papel y no torcerse.

Me acuerdo de la dentera que me daban las manos manchadas de arcilla cuando estaban secas.

Me acuerdo del hijo de Emilia, ¿Miguel?, de lo alto que era y de que una vez estuve en su casa jugando con una pistolita que disparaba a una pequeña pantalla en la que había animales o algo así.

Me acuerdo del momento en el que acabé "Por quién doblan las campanas", en la habitación de la calle Delicias. De la cara gorda y los rizos teñidos de la aquella señora, y de su hijo, que se acababa de ir de casa porque se había casado, pero parecía más bien marica. Yo ocupé su cuarto y siempre pensé que había salido pitando de esa casa y de su madre, que escuchaba cadena Dial a todas horas.

Me acuerdo de leer a Virginia Wolf en Pozuelo, creo que los diarios. De tener que dejar un mueble taponando la puerta de la casa cada vez que salía porque el perro se escapaba, de que el pobre animal lloraba de pena debajo de la cama cuando se iba su dueña, de la voz del pretendiente que hacía doblajes, de tirar sesos (creo que eran sesos) por el water porque me daba vergüenza decirle que no me gustaban.

Me acuerdo de la señal del bañador en verano. De lo roja que me ponía. De despellejarme y el olor del After Sun.

Me acuerdo de los chanquetes en la Carihuela.























2 comentarios:

Manuel dijo...

Andrés. Andrés era el nombre del majísimo camarero del chino de Cánovas. Aún siguen sus incómodas escaleras de entrada sabe Dios ahora a qué. Me acuerdo de aquellas alitas asadas de pollo con salsa que en ningún chino hemos vuelto a encontrar. Salsa oscura. Me acuerdo de lo mucho que elogiaba ese chino Aurelio Verde; el primero que se instaló en Málaga, según él.

Andrés siguió luego de camarero en un restaurante de Fernando Camino. Allá creo que estuvimos una vez con Antonio Heredia el de los ojos verdes. Me acuerdo de las muchas veces que le acompañé yo al Circuito del Jarama cuando en los años 60 la Fórmula 1 llegaba a Madrid. Allí debió contagiarse de la velocidad de que hablabas en un meacuerdo anterior.

Me acuerdo de que cuando alguna vez, suavemente, protestábamos, él, sin apartar de la curva siguiente los ojos verdes, siempre replicaba que no había ningún problema, que así íbamos más seguros ya que acelerando los neumáticos se agarraban mejor al salir de las curvas. Lecciones del Jarama.

¿Miguel el hijo de Emilia? Me parece que no. A ver tu madre que está a punto de volver. Horrores. ¿Dónde estás y cómo te llamas, hijo de Emilia? ¿Dónde estás, Emilia? ¿Estás?

Sigue. Por Andrés, Emilia, Miguel... Por ti. ¿Horrores? Sigamos.

Manuel dijo...

Luis Miguel. Casi aciertas.

Llegó tu madre.


Joven dominico haitiana se peina antes de ser bautizada por el sacerdote belga Pedro Ruquoy en Barahona. Orlando Barría

Gonaives (Haití)

Gonaives (Haití)
A solas con la palabra. Sep 2004