Me acuerdo de la Bola de Cristal.
Me acuerdo de la abuela enseñándome a hacer punto y de que me pedía que le enhebrase el hilo en la aguja.
Me acuerdo de las regaderas plateadas en el patio de la abuela. De las filas de hormigas. De que me gustaba fregar el suelo gris y cuando acababa el sol ya había secado gran parte y entonces volvía a empezar porque era un juego.
Me acuerdo de las pompas llenas de humo.
Me acuerdo de los guantes de goma en los pies y de la canción Debajo de un botón.
Me acuerdo de la litera de arriba.
Me acuerdo de la canción Lunes antes de almorzar.
Me acuerdo de los platos de plástico blanco para clasificar las piezas de los puzzles. Del olor del pegamento con el que se pegaban cuando se terminaban para hacer un cuadro.
Me acuerdo de una vez que salí con Mari Carmen a Boby Logan y conocimos a dos chicos, uno guapo y otro feo. Me tocó el feo, así que dije que iba al baño y volví a casa.
Me acuerdo de aquél perro viejo de la venta a la que íbamos a comer los fines de semana. No recuerdo su nombre.
Me acuerdo de los chinitos de la suerte.
Me acuerdo de los nidos de las cigüeñas en la iglesia de Montoro. Del olor de las diamelas.
Me acuerdo de las patatas crudas y del puré blanco.
Me acuerdo de lo rápido que conducía Antonio Heredia cuando le visitamos en Teberga.
Me acuerdo de la gata Margarita. De un hamster que se murió.
Me acuerdo de copiar cien veces No me portaré mal en la clase. De que me al final me dolía el dedo y perdía el autobús escolar porque esperaba a Verónica y ella escribía más despacio.
Me acuerdo de rezar antes de bajar las sillas de las mesas.
Me acuerdo de Eugenia, que me contó en el recreo que ya le había venido la regla, y que yo pensé que era porque estaba muy gorda.
Me acuerdo del cuadro naranja del hipopótamo.
Me acuerdo de la mesa de papá llena de fichas de libros. De la máquina de escribir electrónica.
Me acuerdo de jugar en los portales los días de lluvia.
Me acuerdo del Rastro los domingos por la mañana en busca de blusas hippies.
Me acuerdo de "los preñaditos" en el bar de Moncloa.
2 comentarios:
Me acuerdo de que al menos una vez te dije:
—Los guantes están mojados, te vas a enfriar.
A lo que desde tus cuatro o cinco años tú respondiste haciendo sin darte cuenta un juego de palabras que más de una vez conté por las clases:
—Los guantes están fríos pero me aguanto.
Me acuerdo que el perro de la venta se llamaba "Careto" y no paraba de mover la cola,ni yo de acariciarlo.
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