De noche. En la habitación de la niña, la luz cálida y tenue de una lámpara en forma de luna sobre la mesilla. La madre se acerca al pequeño rostro sobre la almohada para darle un beso.
-Mamá, dice la niña, estás arrugada.
-¿Arrugada? -pregunta la madre.
-Sí, repite sonriendo, arrugada y pegajosa.
A la mañana siguiente, mientras la niña hace el primer pipí del día pregunta:
-Mamá, ¿qué le va a pedir Dios a los Reyes Magos?
1 comentario:
De tumbas y dioses. Otra niña. O la misma.
–Abuela, ¿para qué sirven los muertos?
– [La abuela tras unos segundos] Para que los vivos vivan.
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