Sobrevolaban campos de bufandas parlantes, de serpientes agudas, de globos pinchados, de prismáticos rosas con vista de elefante. Clara y Pepa buscaban figuras en las nubes; Tatara y Juan conducían un avión; y Martenisa, como siempre, miraba en el mapa.
De pronto, se nos desviaron los polluelos (el avión en el que viajaban volaba gracias a que un grupo de pájaros agitaban las alas y generaban la fuerza de un motor), y tuvimos que aterrizar. Preguntaron a un pistilo a franjas azules dónde nos encontrábamos y les dijeron que bastante cerca del País del Libro. Él les metió dentro de sí y empezó a volar. Era una situación maravillosa: volaban dentro de un pistilo de colores hacia el llamado País del Libro.
Juan abrió una raja en el fondo del pistiloy miró: lo que allí estaba era un enorme, pero muy enorme libro. El pistilo aterrizó y nos dejó. Andando mucho por la hoja, vimos a las letras andar como nosotros. Eran personas como nosotros, nos miraban como la i con su punto y nos sonreían como la u. Fuimos a parar a un dibujo: era una casa y nos metimos en ella.
Allí, eso vieron, vivían las vocales; los saludaron y les invitaron a comer. Comieron sopa de abecedario y, de postre, macedonia de efes. Las vocales contaron a nuestros amigos que, a media noche, sacudía a toda la hoja un fuerte terremoto; pues, para que hubiera un nuevo día, también tiene que haber una nueva hoja.
Pasaron el resto del día conociendo nuevas letras: por ejemplo, a sus vecinas, dos erres parlanchinas que nunca se separaban. Y así llegó la noche, y el fuerte terremoto se produjo, de forma que, a la mañana siguiente, en vez de estar en una casa y en la hoja 128, se encontraban en un castillo y en la 129. Se oyó una música celestial, bajamos y resulta que la i y su punto se iban a casar. Después de la boda, nos contaron que así se hacía en el libro, y que después la i tendría hijos puntos y palitos, estos se casarían y así sucesivamente. Después de desayunar, fueron al Mago Z para que les explicara el origen del libro y les dijo así:
Un día, un gigante llamado Son-són Pitiribosón leía un libro. A él no le gustaban los libros, pero su padre hacía que los leyera. De mayor, se casó con una mujer que era hada en secreto, y a la que también le gustaba la lectura. No se entendían nada bien, y un día el gigante se disponía a quemar este libro, y dijo el hada: "Muere tú", "Viva el libro". Y así pasó: murió el gigante y aquí tienes al libro vivito y letreando.
Era curioso aquél país: alguien daba un gran salto en la hoja, y caía a la de abajo (...)
Esto es un fragmento del capítulo "El País del Libro", dentro del cuento más largo "Juan y la Luna" que escribí con 9 años. Mi madre lo pasó a máquina para leérselo a sus alumnos y me lo dio el otro día. Con 34 no puedo escribir nada mejor.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Joven dominico haitiana se peina antes de ser bautizada por el sacerdote belga Pedro Ruquoy en Barahona. Orlando Barría
Gonaives (Haití)
A solas con la palabra. Sep 2004
6 comentarios:
¡Qué imaginación! Ahora entiendo de donde le viene el exceso de fantasía a la pequeña Ana. Podrías animarte a publicarlo como literatura infantil. Al fin y al cabo no hay nada más bonito y original que una historia contada por una niña. Me encantó leerlo y ser un personaje de ese vuelo por el País del Libro.
Un beso fuerte,
Clariño
Otro beso...y gracias por el comentario, Clara. Se lo leeré a Ana para ver qué le parece...
Inés
No pasa nada,
sólo un cuarto de siglo.
Y Ana.
Clara, Pepa, Tatara, Juan… Y el gigante Sonsón-Pitiribosón. Gigante, bosón: profeta de la búsqueda actual del bosón de Higgs en el Gran Acelerador de hadrones allá por la frontera franco-suiza.
vIVA EL LIBRO!
CLAU
¡Viva!
Inés
Publicar un comentario