viernes, mayo 18, 2007

El padre Ruquoy

Hace unos días leí que Pedro Ruquoy, el sacerdote belga que luchaba por los derechos de los haitianos cortadores de caña, en el oeste dominicano, tuvo que huir de esa media isla por amenazas de muerte. El padre Ruquoy vivía en uno de tantos bateyes, poblaciones diseminadas entre los cañaverales donde habitan los trabajadores haitianos. Su casa estaba llena de muchachos haitianos, muchos de ellos víctimas del tráfico de personas que cada año mueve la época de zafra. En la foto, el padre Ruquoy, alto y delgado, abraza a una niña haitiana. Al fondo, Orlando Barría. Tuve la oportunidad de pasar unos días con el padre y ver lo bueno de su labor desinteresada. Grandes empresarios azucareros manejan en la República Dominicana ingentes cantidades de dinero a costa de tener en la esclavitud, en pleno siglo XXI, a cientos de haitianos a los que pagan con vales cambiables por comida en los establecimientos de su propiedad. Pude saber de casos en los que los empresarios no pagan la seguridad social de los trabajadores, que quedan sin pensión después de veinte y treinta años de sudor entre las cañas.
Ver de cerca la forma de vida y de trabajo de los haitianos en los cañaverales de la República Dominicana es como retroceder en una máquina del tiempo. No se respetan los derechos humanos. También leí que otro sacerdote que hacía similar labor en el este, ya no vive tampoco en el país por las presiones que sufría el defender los derechos de los trabajadores haitianos.

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Joven dominico haitiana se peina antes de ser bautizada por el sacerdote belga Pedro Ruquoy en Barahona. Orlando Barría

Gonaives (Haití)

Gonaives (Haití)
A solas con la palabra. Sep 2004