
Nunca vi nieve en Montoro. Mis recuerdos del pueblo son más bien calurosos y con sabor a Casera, a veces, con un poco de vino tinto. Cuando la temperatura era más alta, de dos a cinco de la tarde, las calles estaban vacías y la gente resguardada a la sombra en sus patios frescos y estancias de techos altos. En la casa de la abuela se echaban los toldos en el balcón que daba al pozo y afuera, en el patio del limonero. Las diamelas tenían su propia sombra porque estaban bajo un techito. Los escalones de piedra, que parecían la piel de un dálmata mantenían bien el frío. Eso era en verano. En invierno no recuerdo muy bajas temperaturas. Quizás las había, pero la mesa camilla con la estufa central ayudaba bastante.
También los tostones calentitos que preparaba la abuela y los churros que iba a buscar, creo que a la plaza.
2 comentarios:
El flamboyán.
A ver si resucita
con un relámpago.
Al ver el pueblo tan raro
se escondió en el cementerio
un relámpago asustado.
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