martes, mayo 29, 2007

Todos payasos

Salimos temprano de casa camino a La Antigua. Había amanecido despejado, pero en poco tiempo el cielo se llenó de nubes grises que amenazaban tormenta. Ana se durmió enseguida, con el traqueteo del coche. No había tráfico porque terminaron las obras de la carretera. Antes de pasar El Obelisco ví al primero. Estábamos parados en un semáforo y, a nuestra derecha, un payaso de rostro pintado de blanco y gran nariz roja conducía una camioneta blanca. Durante un rato, el payaso estuvo cerca hasta que, en un momento dado, torció a la izquierda y desapareció en el garaje de un hotel. Seguimos ruta hacia La Antigua, callados, por la Avenida Roosevelt. Llevábamos un buen trecho andado cuando poco antes de llegar a San Lucas Sacatepec, en un coche rojo, vi a otro. Esta vez, los rasgos femeninos, delataban que se trataba de una payasa. Iba comiendo, en el asiento del copiloto de un coche rojo que circulaba poco delante de nosotros. La peluca se le movía por el viento que entraba por la ventanilla bajada mientras engullía grandes trozos de bollo sin alterar una densa pintura de labios roja. Durante el resto del viaje a La Antigua no dejé de mirar a los coches, por si acaso nos estuviéramos convirtiendo todos en payasos. Pero no vi ninguno más.

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Joven dominico haitiana se peina antes de ser bautizada por el sacerdote belga Pedro Ruquoy en Barahona. Orlando Barría

Gonaives (Haití)

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A solas con la palabra. Sep 2004