¿Quién la habría abandonado allí junto al tronco de ese árbol y por qué?
Estaba contenta de llenarse de hojas, de no estar cerrada. Quizás estaba cansada de hacer viajes, de cargar cosas pesadas. La maleta parecía feliz, pero le preocupaba no poder moverse. Antes siempre la llevaban de un lado a otro y la protegían del frío. Ahora, ¿qué haría para guarecerse de la lluvia o para no ser recogida de madrugada por el camión de la basura? En eso estaba pensando, cuando un gato blanco pasó a su lado y después de olisquearla con curiosidad y acariciarla con su lomo, dio un salto y se metió dentro. En poco tiempo, el gato se quedó profundamente dormido sobre el lecho de hojas.
El gato soñó que la maleta se levantaba del suelo y volaba como una alfombra mágica por encima de las nubes.
La casualidad quiso que la luna, que acaba de salir y es muy amiga de los gatos y las maletas, convirtiese su sueño en realidad.
Por eso esa noche algunos niños pudieron ver surcando el cielo un gato blanco a bordo de una maleta viajando rumbo a lo desconocido dejando tras de sí una larga estela de hojas secas. Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
Foto: Maleta abandonada en la barriada de Los Corazones en Málaga.
3 comentarios:
Las hojas secas,
el gato y Juan de Yepes:
“… que voy de vuelo”.
Vuelo informático:
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con éste, 2.
Aún está
la maleta con hojas
al pie del árbol
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